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Autoestima y autoconcepto

Escuchamos hablar sobre autoestima continuamente, sobre la importancia que tiene en nuestra vida y cómo desarrollarla. ¿Pero es lo mismo autoestima que autoconcepto? ¿Realmente puede mejorarse?

Lo que siento y lo que pienso

En muchas conversaciones he visto usar los conceptos de autoestima y autoconcepto como si fuera lo mismo. No solamente de forma coloquial se mezclan, también en revistas y artículos de divulgación psicológica pasa a veces.

Es verdad que en torno a los años 70 no había forma de diferenciarlos, pero con el paso de los años la Psicología ha encontrado sus diferencias.

El autoestima es un sentimiento, algo que a la persona le resulta difícil definir con palabras o de comunicar porque es el afecto que se tiene a sí misma, el modo de sentir quién es en el mundo. Este afecto surge a través de un conjunto de autoevaluaciones, que pueden ser positivas y negativas, y que derivan en el tipo de trato que se da la persona, en la forma que tiene de comportarse hacia sí misma.

Pero antes de esa reacción afectiva se construye el autoconcepto, los pensamientos sobre sí misma que la persona desarrolla valorando las cualidades que experimenta durante su día a día, y que según los entienda como positivos o negativas edificará su autoestima.

Así de importante es prestarle atención a los juicios que haces de ti mismo, a qué piensas de ti y a qué trato te das. Porque nos enseñan a ser educados con las personas que nos rodean, a tratarlas bien pero no nos enseñan lo importante que es hacerlo también con nosotros mismos.

La autoestima es una reacción emocional al autoconcepto que tenemos, por lo que mejorar el autoestima depende de los cambios que hagamos en cómo nos percibimos.

¿Cómo es el autoconcepto?

Una de las características del autoconcepto es que tiene un núcleo estable y al mismo tiempo aspectos que varían según las interacciones con el contexto.

La función de las partes estables es darle sentido a las creencias que tenemos de cómo somos. Este núcleo comienza a formarse al inicio del la vida, por los modelos de socialización de los padres, y luego las experiencias que se tengan generarán ideas de uno mismo que se irán rechazando o integrando.

Algunos autores dividen las áreas del autoconcepto en las siguientes: académico-laboral, social, emocional, familiar, y físico. De forma que en unas áreas podemos tener un autoconcepto alto, que facilitará una autoestima alta, mientras que en otras áreas ocurra lo contrario.

Cada área se refiere a una serie de contextos en el que aquello que pensamos sobre nuestras cualidades en ese área nos ha generado una autoestima son positivas o negativas, de forma que reestructurando los pensamientos con los que nos evaluamos en esas situaciones repercutiremos en cómo nos sentimos a nosotros mismos.

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