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Adicción a los videojuegos, TDAH y nativos digitales

A comienzos de 2018 se publicó en el periódico el titular “10.000 enfermos mentales por adicción a videojuegos en la provincia de Alicante”, que me pareció exagerado y pernicioso. Pernicioso porque la realidad es que no existen datos objetivos para definir qué es una adicción a videojuegos, a pesar de que haya sectores que quieran crear una nueva etiqueta diagnóstica. Ya el psicólogo entrevistado para ese artículo decía que, en su opinión, jugar más de dos hora debía considerarse adicción. ¿Es así?

¿Qué es una adicción?

Una adicción no se define por el hecho de que un sujeto dedique más tiempo a una actividad en comparación con las demás, es decir, un chaval no es adicto a los videojuegos porque dedique más de dos horas a los videojuegos que a otras cosas.

No es la frecuencia lo que determina si estamos ante un problema de adicción o no. Lo que determina que estemos ante un problema conductual es si además de que la frecuencia es alta, la acción ya no se realiza porque sea placentera sino que se realiza para evitar sensaciones negativas (síntoma de abstinencia, irritabilidad, inquietud…), y además la acción está interfiriendo de forma muy acentuada en otras áreas de la persona: la familiar, la académica o laboral, la social, etc.

¿Existe la adicción a los videojuegos?

Ya escribí en su momento, explicando que lejos de que pudiera hablarse de una enfermedad mental, estaríamos ante problemas más cotidiano, cuyos factores tendrían que ver con la baja tolerancia a la frustración, la socialización en la era digital, nuevas tendencias culturales, los estilos parentales, etc… y no con un trastorno.

Un aspecto a tener en cuenta es que hay una nueva generación que ha nacido con las nuevas tecnologías: los llamados “nativos digitales”. A esta generación no se le puede pedir que vivan o se relacionen de la misma forma que lo hacían sus padres. Cuando se pasó del caballo al coche hubo un cambio social, y nadie osaría decir que somos adictos a los coches por no ir de una Alicante a Valencia en carruaje.

Poco después de la publicación del artículo en el diario Información.com (basado en el hecho de que la Organización Mundial de la Salud incluyera como nueva etiqueta la “adicción a los videojuegos”), 36 especialistas de todo el mundo redactaron un artículo académico alertando de los peligros de dicha etiqueta, basándose en que:

  • Las pruebas para decir que existe tal trastorno son de baja calidad.
  • No existe consenso sobre cómo debería diagnosticarse.
  • Dicha etiqueta no se basa en estándares científicos sólidos.
  • La creación del nuevo trastorno está más arraigado en el pánico moral que en bases científicas.
  • No aclara si la supuesta adicción es un problema, o sería la consecuencia de otros problemas ya conocidos (como bajo repertorio de habilidades sociales, problemas emocionales, u otros).

TDAH

La existencia o no del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (dificultad para prestar atención y moverse en exceso), es otro de los grandes enigmas de la Psicología contemporánea. Para la mayoría de psicólogos, psiquiatras, profesores y educadores, no hay duda de que existe el TDAH como tal: un trastorno del neurodesarrollo, con bases genéticas, que requiere de medicación para evitar problemas mayores en el futuro.

Sin embargo para determinados especialistas, entender el TDAH como una enfermedad mental es un error que conlleva patologizar conductas de los niños que en realidad son normales si entendemos el contexto en el que han nacido (como por ejemplo la digitalización de la vida y la sobreestimulación que conlleva), y que en lugar de síntomas de un trastorno deberían entenderse como problemas generados por un aprendizaje dado en la actual vida cotidiana.

Además de las declaraciones del psiquiatra infantil Luis Pereira (que apunta a un sobrediagnóstico de entre el 50 y 60%, a que los síntomas de TDAH no son claros, a los errores de diagnóstico de profesores y educadores, a los problemas de salud que  provocan los fármacos o a los conflictos de intereses en el 85% de los autores de las guías del Ministerio), el doctor en Psicología Marino Pérez y profesor de la Universidad de Oviedo, explicó los siguientes puntos durante las Jornadas de TDAH en Sevilla del 3 de marzo:

  • El diagnóstico de TDAH no tiene validez discriminante, no pudiendo diferenciar lo normal de lo patológico.
  • Ni tiene validez predictiva, ni conceptual: el diagnóstico define el problema de una forma poco específica, pudiendo etiquetarse a personas que no tienen TDAH.
  • Convierte cosas que pueden estar relacionadas con lo sería el TDAH, en las causas del propio TDAH: como ocurre con los supuestos marcadores biológicos o los estudios de diferencias cerebrales.

Bajo esta nueva óptica el TDAH no sería un trastorno o enfermedad mental y mucho menos un trastorno del neurodesarrollo, sino que sería un problema que nace de la relación entre el niño y su entorno. El problema nace entonces no en el cerebro, si no a partir de una adaptación a un entorno hiper-estimulante (pantallas, redes sociales, juegos, etc), provocando tiempos de atención a un mismo objeto más cortos, dificultando los procesos de aprendizaje. De hecho, determinados pedagogos abogan actualmente por pasar del aprendizaje pasivo al aprendizaje participativo: que el alumno no sea un silencioso y tranquilo oyente durante ocho horas, cuando el mundo actual no refuerza la pasividad sino la interactividad.

Nativos digitales y TDAH

Un informe publicado recientemente por la Universidad del Sur de California, en el que estudiaron a más de 2500 jóvenes, refuerza la hipótesis de que es el entorno, y cómo se educa para estar en ese entorno, lo que puede facilitar de hecho que se genere lo que actualmente algunos entienden como una enfermedad mental y que denominan TDAH.

En dicho estudio, realizado entre 2014 y 2016 utilizando 14 plataformas digitales (como chats, redes sociales, vídeos o juegos), se evidenció que el uso de las nuevas tecnologías duplica la aparición de síntomas asociados al TDAH en quienes usaban dichas plataformas con asiduidad, frente a los que no.

Dada la importancia de la sociedad, la cultura, la personalidad, los padres, los amigos, etc, para desarrollar un aprendizaje adaptativo de la atención, y teniendo en cuenta la importancia del factor digital a la hora de prevenir esto, se suelen recomendar a los padres ciertos tips para educar en el uso de lo digital:

  • Aclarar las condiciones de uso y tiempo de las plataformas digitales.
  • Supervisar el tiempo de uso de manera educativa y no coercitiva.
  • Usar los elementos digitales para compartir tiempo con ellos y fortalecer los vínculos.
  • Debatir con ellos sobre lo que se juega o se ve en las plataformas.
  • Proponer, sin obligar, otras actividades.

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