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A propósito del bullying

El abismo no surge de pronto sino lentamente, quizá con una simple broma o con un apodo que le ponen a un chaval. Luego llegan los insultos, humillarle por su aspecto o por cómo habla, y después aparecen las amenazas, las palizas, el miedo, la ansiedad, y en ocasiones el suicidio.

¿Qué es realmente el bullying?

No se trata de cualquier pelea o problema que brota entre jóvenes. Hay una clara distinción entre lo que es un conflicto habitual y el acoso. No hay que caer en el error de llamar “bullying” a cualquier cosa pero tampoco en lo contrario, trivializar este tipo de situaciones.

El bullying es un problema de interacción en el que alguien busca la dominación y la sumisión de otro a través de agresiones verbales, físicas y sociales. La agresión además es intencional, es reiterada (no ocurre de forma aislada sino repetida), y está orientada a mantener ese poder sobre la víctima.

¿Por qué aparece?

Hay que tener en cuenta que el bullying es surge dentro del tipo de sociedad que somos: no puede entenderse sin atender cómo son las relaciones que los adultos construimos en entre nosotros. Si atendemos a las dinámicas que se dan dentro de las aulas vemos que hay problemas de convivencia, generados dentro de lo que es el sistema educativo. Se mezclan el ambiente negativo, la falta de motivación de los alumnos, la actitud del profesorado, el tipo de organización, y los sistemas de relación basadas en el poder que se desarrollan entre los alumnos observadores y que facilitan la “ley del silencio” cuando ocurre el bullying.

En la víctima se dan factores de personalidad como la introversión y la baja autoestima (aunque esta baja autoestima puede deberse de hecho a estar sufriendo bullying). En el comienzo de las agresiones, que suelen ser las verbales, ésta puede normalizar su experiencia, no siendo consciente de la circunstancia en la que se encuentra. De forma que, su entorno, le es difícil advertir e intervenir sobre lo que está pasando y detener el acoso. Para explicar por qué ocurre esto, habría que atender a su desarrollo habilidades sociales (como la asertividad, o capacidad de colocar límites para defender sus derechos como persona), o a su inteligencia emocional.

Atendiendo al agresor vemos que también hay unas particularidades, como por ejemplo el estilo parental de sus padres, por el cual el agresor no ha aprendido formas más desarrolladas de comunicación e interacción. Se encuentra en un estilo de interrelación basado en la dominación. En su ambiente familiar suelen encontrarse dinámicas de permisividad, hostilidad, negligencia y ausencia de límites. La capacidad de autocrítica y de evaluarse a sí mismo está poco desarrollada, de hecho si se le pregunta sobre su conducta como agresor suele ser incapaz de explicar por qué se ha comportado así.

¿Qué efectos tiene?

Al tratarse de un problema de interacción (social), no hay que infravalorar el efecto que tiene sobre qué aprenden los jóvenes sobre la sociedad con el bullying, ya se trate de la víctima, el agresor o los observadores.

Si nos centramos en qué efectos tiene en la víctima, el primero es el rechazo social que sufre, tanto por la ley del silencio que adoptan sus compañeros como por el aprendizaje que obtiene sobre la sociedad. Esto genera que aumente la desconfianza de la víctima en la sociedad y disminuya la sociabilidad futura. Como he mencionado antes, hay una disminución de su autoestima, y un descenso del rendimiento escolar. Teniendo en cuenta que, normalmente, el bullying aparece cuando comienza la adolescencia, y que esta es una etapa donde para el joven se vuelve psicológicamente importante el sentimiento de pertenencia a su grupo de iguales, el impacto que significa vivir el rechazo, la marginación y la agresión social, puede multiplicar hasta por cinco la probabilidad de ideaciones suicidas.

¿Cómo podemos solucionarlo?

Muchos de los programas que se han propuesto se centran en trabajar sobre la víctima o el agresor. Este tipo de programas, centrados normalmente en la preparación emocional para el bullying (entrenando habilidades sociales, inteligencia emocional, autoestima, etcétera), descuidan el factor del contexto donde ocurre el evento; el clima del aula, el estilo parental de los padres de los implicados, el entorno social, etc.

Existen otro enfoque, orientados al aprendizaje grupal, que trata de desarrollar en el clima de los centros dinámicas cooperativas de mejora de la convivencia, aumento del apoyo social, disminución de la competencia y aumento de la empatía.

A veces parece que es un problema superado, o que ante esto el sistema educativo tiene una respuesta preparada, pero no es así. La realidad es que no existe una política ante el bullying en los centros, y todavía hay que pedir que haya implicación de profesores, orientadores y mandos educativos.

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